
La vida es irónica y en ocasiones injusta, con Rubén Darío ingresamos a la Universidad del Valle en 1973, él era un joven promisorio de Puerto Tejada, buen lector y amante de las artes plásticas, todo parecía indicar el promisorio futuro de este mozalbete, máxime que empezó a esparcir conocimiento como maestro de escuela, en el municipio de Padilla.
En la Universidad del Valle era amado en un principio, aunque no entendido al final de sus días, pues incursionó en aquel entonces con un método novedoso, pero panfletario de hacer poemas, luego ligó este estilo a un obligado estipendio económico por recibir sus poemas o frases, entre otras, inicialmente conexas y bien hilvanadas, y en posteriores oportunidades producto, seguramente de su estado anímico, fuera de lugar; con todo, era el poeta, el intelectual.
De un tiempo para acá se volvió huraño y violento, presumo que toda esa inteligencia represada, se convirtió, al lado del estado social de Puerto Tejada, en ese estado que no era Rubén. A pesar de todo era respetado, pues siempre tenía un aura intelectual que lo protegía.
Ahora me comentan que ha muerto, qué lástima que solo alcanzamos a percibir plenamente parte de su maravilloso talento e inteligencia los que lo conocimos en aquel entonces, paz en su tumba y condolencias para todos los suyos.
