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Jueves, 22 de octubre de 2026

“Los héroes de la patria, en realidad son campesinos, que los usa el Estado para cuidar los intereses económicos de 10 familias”: Francia Márquez Mina, de Suárez, Cauca

  “No hemos parido hijos para la guerra para un sistema esclavista, racista y excluyente que sigue operando hasta hoy”....

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Alfonso Luna Geller
Por: Alfonso Luna Geller

 

Francia Márquez Mina
Francia Elena Márquez Mina. Foto http/www.pueblosencamino.org

“No hemos parido hijos para la guerra para un sistema esclavista, racista y excluyente que sigue operando hasta hoy”.

Francia Márquez Mina, dirigente del consejo comunitario afro de La Toma, reconocida por haber sido una de las lideresas que junto a más de 70 mujeres marcharon a finales del año pasado desde el municipio de Suárez, Cauca, hasta la Plaza de Bolívar en Bogotá, en la llamada ‘Movilización de las Mujeres Negras por el Cuidado de la Vida y de los Territorios Ancestrales’ y que se ‘tomó’ la casa de La Giralda del Ministerio del Interior, para denunciar el impacto ambiental que padecen sus comunidades por cuenta de la minería, motivo fue declarada “objetivo militar” por los grupos armados ilegales que operan en la región, y que por ello hoy sigue huyendo con sus dos hijos, siendo una familia más de las que a diario son desplazadas por la violencia, decidió denunciar, a través de Proclama del Cauca, la angustia y el desamparo de su comunidad frente a la guerra sistemática que siempre ha golpeado al norte del Cauca, con la esperanza de ser escuchada y sensibilizar a todos los actores sociales y políticos de Colombia, responsables de garantizar la vigencia de los derechos humanos.

Francia Márquez, que ya había denunciado al Gobierno por omisión frente a la minería y la ilegalidad, y que el pasado 15 de diciembre estuvo en La Habana como integrante del último de los cinco grupos de víctimas que expusieron sus puntos de vista ante los negociadores de los acuerdos para el fin del conflicto, dijo en el programa Viva la Tarde, de Proclama del Cauca Radio, que el despojo territorial causado por la minería ilegal, y legal, pues el mismo Estado ha otorgado títulos a empresas foráneas, hizo que las comunidades que históricamente han habitado la zona fueran declaradas perturbadores de mala fe.

Al ser consultada sobre el cumplimiento de los acuerdos adquiridos en Bogotá con el Gobierno Nacional en el mes de enero de este año, sostuvo que “el Gobierno firma todos los acuerdos pero nunca los cumple”, y que el apoyo más importante que quisiera recibir del Estado es que se mejoren las condiciones en el territorio y que los desplazados puedan retornar a sus casas, por eso aclaró que “avanzar en un proceso de paz, más que la dejación de armas, implica la construcción de una sociedad digna, en un proceso participativo entre todos”.

“Apoyamos el proceso de paz porque quién más que nosotros, que hemos tenido helicópteros bombardeándonos encima de nuestras casas; quién más que nosotros, que hemos perdido compañeros que han caído en minas antipersonas; quién más que nosotros, que hemos sido desterrados de nuestros propios territorios…”, argumentó Márquez Mina justificando su apoyo para el éxito del fin del conflicto, se quejó también de que “los medios de comunicación no dicen que al interior de las comunidades también hay gente que está perdiendo la vida en este conflicto entre distintos actores” y ratificó que “no hemos parido hijos para la guerra para un sistema esclavista, racista y excluyente que sigue operando hasta hoy”.

Preguntas sin respuestas

Francia Márquez Mina

Francia Márquez Mina escribió una carta pública, titulada ‘Situación que carcome mis entrañas’, en la que retrata un contexto de riesgos, amenazas, desplazamiento y muerte por efecto de la minería legal e ilegal, mucho después de preguntarse y no obtener ni una sola respuesta: ¿Dónde está la CVC, la CRC y el Ministerio de Ambiente ejerciendo el control ambiental? ¿Dónde está la Procuraduría ejerciendo el control disciplinario frente a los funcionarios que están omitiendo cumplir con su deber? ¿Dónde está la Fiscalía ejerciendo las investigaciones y judicializaciones contra los múltiples delitos que se están cometiendo en el norte del Cauca por la minería ilegal? ¿Dónde está el Ministerio del Interior y la Dirección de Asuntos para Comunidades Negras protegiendo nuestros derechos como pueblos étnicos? ¿Dónde está el Ministerio de Minas ejerciendo control frente a los títulos mineros que ha otorgado y en los cuales se está permitiendo que se realice minería ilegal? ¿Acaso los amparos administrativos sólo se aplican para sacar a las comunidades negras de sus territorios ancestrales como el caso de La Toma? ¿Por qué no los aplican para parar la minería ilegal? ¿Dónde está el Ministerio de Salud dictaminando los impactos que producen el cianuro y el mercurio en la vida humana? ¿Dónde está el Ministerio de Cultura defendiendo las prácticas culturales de las comunidades afros que se están destruyendo con ese tipo de minería? ¿Dónde está la policía de tránsito ejerciendo los controles sobre la movilidad de esa maquinaria pesada? ¿Dónde está la Policía y el Ejército sacando esas maquinarias de nuestros territorios? ¿Acaso el Estado social de derecho desapareció para los que continuamos creyendo que la vida debe anteponerse a los intereses económicos? ¿Acaso desaparecieron los tres poderes del Estado colombiano? ¿Dónde están los órganos de control del Estado colombiano? ¿Dónde está la comunidad internacional? ¿Acaso hablar de Paz no implica poner sobre la mesa estos temas?

Denuncia que sale de sus entrañas:

Francia Márquez

“Soy una mujer afrocolombiana, nací en una de esas montañas del departamento del Cauca, uno de los departamentos a quien la guerra más ha golpeado en este país. Mis ancestros y ancestras fueron esclavizados para hacer minería y agricultura, para la corona española que hasta el sol de hoy conserva su reinado.

Por muchos años hemos convivido con nuestros hermanos indígenas y campesinos, sin mayores dificultades, sin embargo la guerra sistemática nos ha golpeado siempre, inicialmente la colonización, la mal llamada conquista, que no fue más que el inicio del saqueo de la riqueza que existían en estas tierras.

También hubo una mal llamada “independencia”, pero en realidad lo que hubo fue la repartición de lo que dejaron los españoles, es decir, la repartición que se realizó entre los herederos de esa corona española, que en este país no pasaban y no pasan hoy de ser más de 10 familias, las mismas que hoy continúan manejando el país, pero sobre todo beneficiándose de la guerra.

No dejo de preguntarme cada día: ¿tienen importancia las vidas de las comunidades afros, indígenas y campesinas para este País?

Al igual que a muchas mujeres, jóvenes, mayores y hombres, que cientos de miles de familias, desde hace algunos meses me tocó salir huyendo de mi tierra, porque actores armados me declararon objetivo militar con mis dos hijos, a quienes también les tocó dejar sus estudios, sus compañeritos con los que han crecido, con los que aprendieron a pescar, a nadar, a sembrar y a miniar, entre muchas otras cosas.

Todo esto que hemos vivido ha sido por el amor que hemos conocido en nuestros territorios, el amor de ver germinar una palma de plátano, de un día soleado de pesca, de sentir cerca a la familia, defender nuestra permanencia y allí donde hemos crecido y no queremos salir porque esa tierra de las abuelas y los abuelos, puede ser también la tierra para nuestras nietas y nuestros nietos, nuestra tierra es nuestro lugar para soñar con dignidad nuestro futuro. Salimos corriendo y a escondidas, sin deberle a nadie por denunciar los abusos que día a día padecemos las comunidades negras, indígenas y campesinas en el norte del Cauca, debido a los intereses económicos en nuestros territorios. Actores armados nos declararon objetivo militar, y por ello dejamos tirados los cultivos de plátano, caña, y hortalizas orgánicas, que sembrábamos. Ya se secaron, ya se murió ese esfuerzo, me sentía orgullosa, porque junto con mi compañero y mis hijos estábamos demostrándole a la comunidad que sí podemos vivir tranquilos en el campo, sembrando lo que nos vamos a comer.

Tal vez por eso nos persiguen, porque queremos una vida de autonomía y no una de dependencia, una vida donde no nos toque mendigar, ni ser víctimas.

Hoy me encuentro desplazada, con el horizonte un poco perdido. Más aun, al saber que quizás regresar no será fácil. Más cuando la guerra absurda que no empezó hace 60 años si no hace 400, y que por más esfuerzos que hemos hecho, continúa bañando nuestros ríos de sangre, con la sangre de los que estamos abajo.

Cuando llegamos a esta selva de cemento mis hijos estaban sorprendidos y en su lengua me decían “hay noooo mami ese plátano vale mil peso, noooo eso está muy caro! Porque saben que cuando estábamos en el campo comernos un plátano no costaba nada, por lo menos en términos monetarios, y además cualquier vecino si no tiene sembrado le regala a una, una gaja y si tenía hasta un racimo.

Antes de ayer me sentí supremamente frustrada, en la noche no pude dormir, toda la noche estuve preguntándome a mí misma, ¿cómo hacemos para parar la guerra? ¿Qué más tenemos que padecer? ¿Cómo estará la gente que vive en la zona alta del municipio de Suárez y Buenos Aires o la montaña? como cariñosamente decimos nosotros.

Lamento profundamente la muerte de los militares, porque desafortunadamente son nuestros hermanos, primos o sobrinos que por no tener oportunidades para ir a una universidad, o tener un trabajo digno, la única opción que les queda, es irse a combatir en una guerra que no es de ellos, y que ni siquiera saben por qué empezó. Muchos dicen que es para defender la patria, y yo me pregunto ¿cuál patria? ¿La patria de quién si desde la esclavización hasta hoy las 10 familias que se creen las herederas de la corona española, han ostentando el poder económico en este país, y han hecho lo que han querido con nosotros? Nos han llamado salvajes, esclavos, incivilizados, minorías, montañeros etc. Y todo eso les ha servido para justificar el negocio de la guerra.

Es por eso que los medios de comunicación ayer todo el día hablaron de los héroes de la patria, que en realidad son campesinos, que los usan el estado para cuidar los intereses económicos de las 10 familias. Mucha gente diciendo con un odio profundo que salía desde sus corazones, “señor presidente debe ordenar los bombardeos”.

Sin embargo me parece muy irresponsable que la gente pida bombardear esos territorios, esos territorios no están vacíos, en ellos viven niños, niñas, mujeres, mayores, jóvenes, familias, en general gente que nada tiene que ver con esa maldita guerra absurda. Pero claro, la gente que dice eso es la que vive en la ciudad y nunca le ha tocado estar en medio del fuego cruzado, gente que no sabe lo que es tener los helicópteros encima de su casa disparando ráfagas. Los que no saben lo que significa que alguien vaya a su finca a desyerbar y cuando sienta es que su azadón jalo el cable de la mina anti persona que se había sembrado y que terminó con su vida partiéndole por la mitad; como pasó el año pasado con un miembro de la comunidad de la Alsacia, gente que no sabe qué es vivir en una zona sin energía, sin agua potable, sin señal telefónica y además confinados todo el tiempo. Esa es la que dice: “señor presidente debe ordenar los bombardeos”.

La guerra es guerra venga de donde venga. Lo que deberíamos estar exigiendo es la paz real para nuestros territorios. El departamento del Cauca ha sido bastante golpeado por la violencia, unas veces por la FARC, otras por paramilitares, y otras veces por el mismo Estado, y a ninguno le importa, o se ha puesto a mirar, que en últimas quienes terminamos, como decimos nosotros, «pagando los platos rotos» somos las comunidades, afros, indígenas y campesinas.

No va haber paz con corrupción institucional, con destierro, no va a haber paz con amenazas de muerte a las comunidades y sus líderes y lideresas, no va haber paz ordenando bombardear los territorios, no va haber paz con explotación minera a gran escala. Las locomotoras del desarrollo sólo generan miseria, hambre, contaminación, guerra y muerte. No habrá Paz con medios de comunicación desinformativos. Tener la cárcel más grande de América Latina en Jamundí tampoco traerá la paz.

La paz implica el respeto a la vida y los territorios ancestrales de las comunidades afros indígenas y campesinas, implica que en Colombia exista la universidad más grande de América Latina donde a los estudiantes no se les saque de los salones de clase por no tener con qué pagar el semestre. La paz implica que en Bogotá y en Colombia no nos maten por ser negros o indígenas. La paz implica que los políticos no se roben la plata de la salud, que las mujeres podamos ser respetadas en nuestros derechos, que no seamos torturadas, abusadas sexualmente, implica autonomía, respeto a la diferencia, a los saberes ancestrales. Implica la discusión y trasformación del modelo de desarrollo que en últimas ha sido el causante de tanta guerra no sólo en Colombia sino en el mundo.

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Aquí, las declaraciones exclusivas de Francia Marquez Mina, para Proclama del Cauca Radio:

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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