EL DOCTOR JEKYLL Y MISTER HAYDE

EL DOCTOR JEKYLL Y MISTER HAYDE
Por Jaime Cárdenas / La muerte de Vargas Llosa y la dimensión noticiosa del hecho afianza la fe en la vida. Aún hay lugar para que la creación.
La invención de historias, de diálogos, de personajes puede ser visto como un acto innecesario e incluso torpe; se dirá que no se justifica derrochar el tiempo único e irrepetible que le es dado a cada cual en urdir ficciones cuando la realidad, con sus exigencias materiales, merece toda la atención. Sin embargo, la creación persiste, la literatura pervive frente a todos los naufragios, en medio de las guerras, florece en lugares tan siniestros como en las cárceles, así ocurrió con Cervantes. Hay quien sueña despierto y hay quien está dispuesto a escuchar esos sueños del vigía insomne. ¿La razón? Habrá que acudir para su respuesta a uno de los gigantes del arte de contar, a Borges: la literatura es una forma de la felicidad.
Lejano está el día en que cayó en mis manos La Ciudad y los Perros. He releído unas cuantas veces esta corta novela de Vargas Llosa y ratifico con cada lectura que es una obra maestra, escrita a los 27 años. Vino luego la lectura de sus cuentos, de Los Cachorros y de cuatro novelas más, – no leeré las que quedaron pendientes-, grandes obras que deparan el gran placer de leer con todo lo que implica la lectura, en nuestro caso con un ingrediente que se integra a la esencia. Me refiero a la música de la prosa del peruano, de su fonética. Allí encontramos la voz de los habitantes de los andes, de los latinoamericanos, amén de que los temas centrales de estas obras son sucesos de este, nuestro continente, tanto los triviales que les ocurren a personajes anónimos como los históricos. Allí están los adolescentes de Latinoamérica que pudieron ser quiteños, paceños, o pastusos, los sargentos, monjas y mestizos que viajan por los ríos de la amazonia, los dictadores, los masacrados de las caucheras, los predicadores alucinados del Brasil, las prostitutas, los notarios, los notables de los pueblos, está el mar pacífico y la cordillera andina, está la voz de este Sur que por fin pudo expresarse desde la narrativa y ser oído por el mundo, gracias a su élite de escritores del boom, en un momento de la historia en que no se registraba su presencia puesto que los habitantes de este continente para los otros eran inexistentes. Fue la grandiosidad de la narrativa latinoamericana la que abrió paso a nuestro continente con todas sus proezas y sus desdichas, con sus genocidios y con su magia. A esta labor contribuyó Mario Vargas Llosa.
Un gran escritor de nuestro Sur, y como tal fue el doctor Jekyll, un ejemplo de consagración a su oficio, de disciplina y de generosidad literaria como la que deja en las Cartas a un joven novelista.
Pero fue también Mr. Hayde, el siniestro personaje en que se convertía el doctor Jekyll quien no dudaba en apalear a una indefensa niña en la oscuridad de las noches londinenses. Vargas Llosa no dudó en unirse a lo más sórdido de nuestro continente, a Bolsonaro, a Piñera, a Uribe. Con ellos conspiró contra toda forma de democracia, fue un ideólogo del oscurantismo, un legitimador de los crímenes de Estado.
Esta faceta de su personalidad no desdice de su talento como escritor. Un juicio moral por hechos públicos reprobables no puede ser fundamento para destruir la validez de la obra de un artista. Pero tampoco puede ser ignorada como ocurre con el coro de aduladores de Colombia, del País de España, de otros países que deliberadamente silencian su ruindad. Precisamente porque ese lugar que se le ha reconocido al artista debe tener como respuesta un mínimo de ética, de coherencia moral con sus lectores, con su tiempo.
Resulta difícil abstraerse de esta valoración. Es posible que se lo haga con argumentos consistentes, como de hecho se ha visto, lo cual tiene que ser considerado atendiendo al respeto de la opinión ajena. Personalmente es difícil, sino imposible inadvertir o justificar a quien se unió a los gestores de los crímenes de la juventud colombiana y chilena.
En lo que respecta a Vargas Llosa, el escritor, siempre será recordado por esos momentos inolvidables que nos ha deparado su creación.
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