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Jueves, 8 de octubre de 2026

Indignante degradación del Periodismo

Indignante degradación del Periodismo
Indignante degradación del Periodismo
Alfonso J Luna Geller

Hace más de dos años que en Colombia no se hace periodismo ético en los medios masivos que pertenecen a la hegemonía económica.

A los periodistas los pusieron a trabajar para satisfacer intereses específicos de un conglomerado empresarial y bancario, dueño de los medios que, además de dominar la economía del país, interviene directamente en la política y controlaba los poderes públicos, supuestamente separados.

Ante el Cambio, perdió su ancestral imperio, en consecuencia, el papel del periodismo cambió: ya no es para informar, investigar y presentar hechos de manera imparcial. Ahora es para frenar todos los cambios políticos que debe realizar el Gobierno Nacional y preparar las condiciones necesarias para recuperarle a su conglomerado patrón el poder perdido.

El comunicador se transformó en algo más cercano al publicista, que evidentemente responde a presiones para manipular la información, la omisión de hechos importantes, y la creación de narrativas que benefician al grupo económico en lugar de servir al interés público.

Por la promoción de intereses privados, lograron erosionar la confianza en el periodismo como institución: Indignante degradación.

Lo tenaz es que eso no les importa; saben que la incultura de su público es abrumadora. Por consiguiente, la tarea es demostrar que todo lo pueden, mediante la manipulación de una opinión pública generalmente indiferente o ingenua, pusilánime ante las excelentes habilidades de algunos de aquellos periodistas.

Nos pusieron a padecer cuatro años de campaña política, hasta el 2026, que es la meta que les pusieron para la recuperación del statu quo traspapelado.

A mitad de camino, se hace evidente la estrategia de la derecha extrema. Por ejemplo, el Clan Gnecco, reforzado por el Grupo Gilinski, manipulando a través de la revista Semana insinúa que su directora Vicky Dávila es su precandidata a la Presidencia, pero sigue siendo “periodista”: Indignante degradación.

Por eso me causó asco ver que Vicky en Semana armó tremendo bochinche para escandalizar y crear expectativas sobre supuestas y exclusivas declaraciones que entregará la condenada Aida Merlano sobre la campaña de Petro, amenazas que esgrimió contra el Gobierno para vengarse rabiosamente por su deportación desde Venezuela, donde permaneció por casi tres años. De su regreso inesperado a Colombia, la Merlano culpó además al vulgar Benedetti y a Laura Sarabia.

Y claro, pan comido para Vicky Dávila que ansiosa busca cómo enlodar a todos para ella poder “brillar”. La “periodista protagonista” de las noticias titula emocionada, con oportunismo: “Un nuevo escándalo sacude al gobierno del presidente Gustavo Petro”, dándole al refrito bochinche un novedoso sensacionalismo.

Miremos el contexto para entender cómo está desarrollándose la actual campaña política a la Presidencia de la República a través de los medios de comunicación hegemónicos.

El sistema político colombiano ha sido un pacto entre clanes que cultivan el clientelismo, se apropian de las instituciones, y estimulan la corrupción y los vínculos con el narcotráfico y el paramilitarismo para mantener o aumentar su poder.

El Clan Gnecco logró así su poder económico y político a través del crimen organizado.

Dávila actúa en concordancia con los intereses del Clan Gnecco, porque entró a hacer parte del mismo al casarse con José Amiro Gnecco Martínez.

En simultánea, la candidata-periodista, aprovechando las amenazas de la Merlano, intenta hacer carambola a tres bandas atacando al Clan Char, que ha sido aliado de Vargas Lleras, su competidor en campaña a la Presidencia de la República.

El Clan Char es una familia de poderosos empresarios, contratistas y políticos con control casi absoluto sobre Barranquilla, siempre envueltos en escándalos de corrupción. Por eso, la periodista Laura Ardila encontró en ellos abundante material para documentar su libro La Costa Nostra, que revela las prácticas criminales de la familia Char.

El Clan Char también tiene su “periodista” estrella: Luis Carlos Vélez, director de la FM. Está casado con la modelo, periodista y exreina Siad Char.

Este clan fue la casa política de Aida Merlano, que la hizo senadora hasta cuando fue condenada a 17 años de prisión por su participación activa en esta estructura criminal. Ella ha dicho que “la familia Char son una mafia más peligrosa que el ‘Clan del Golfo’ además de tener el poder y un cerebro maquiavélico”.

Pero nada le creen. Según Iván Cancino, abogado de Arturo Char, la señora Merlano tiene una tendencia a mentir de forma compulsiva y trata de transformar la realidad: “Cada vez dice una mentira nueva. La defensa tiene cómo probar todas sus contradicciones. Ahora estamos a la espera de que la Corte califique el mérito del sumario”.

El espectáculo que están montando estos clanes para llegar a la Presidencia de la República en 2026, bien sea con Vicky Dávila o con Vargas Lleras, están basados en una oposición virulenta al gobierno de Petro a través de los medios de comunicación que a su servicio tiene el poderoso conglomerado económico colombiano.

Ese es el futuro político que le ofrecen al pueblo colombiano en indignante degradación del Periodismo.

Estaremos atentos a la evolución en los dos años restantes de campaña, pero me preocupa lo que nos falta por ver.

Seguiremos opinando.

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