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Viernes, 9 de octubre de 2026

La arbitrariedad de las identidades colectivas

Guido Germán Hurtado

La arbitrariedad de las identidades colectivas / Por: Guido Germán Hurtado Vera / Historiador y Politólogo.

El periódico El Espectador, el jueves 3 de abril, tituló: “Ecopetrol detuvo operaciones en Rubiales y Caño Sur tras ingreso de manifestantes. Indígenas exigen el reconocimiento de territorios ancestrales y el cumplimiento de acuerdos previos”. De otra parte, El Tiempo, tituló: “Terminó el drama en la vía Panamericana: tras casi 48 horas, comunidades indígenas levantaron el bloqueo. Gobierno y manifestantes llegaron a acuerdos para permitir el paso total en la vía”. Y el mismo día el canal CityTv, en su emisión de la mañana, tituló: “Minga indígena bloquea el centro de Bogotá y causa caos en la movilidad”.

Innegablemente, Colombia ha sido un país excluyente. Desde épocas coloniales y en el proceso de construcción del Estado-Nación, las comunidades indígenas, afro, campesinas, han sido desfavorecidas. Las mujeres y la comunidad LGBTI continúan siendo discriminadas y sutilmente comienzan a ser reconocidas.

Reconociendo de antemano esta tragedia de la sociedad colombiana, también es necesario señalar sobre el abuso de los reclamos de las llamadas identidades colectivas.

En su aspiración de ser reconocidas y amparadas, las pretensiones de las identidades han llevado, por lo menos, a dos problemas centrales, el primero, una creciente fragmentación del presupuesto nacional.

En 2023, se programaron 20 billones de pesos para los pueblos y comunidades indígenas en Colombia. Este monto incluye recursos del Presupuesto General de la Nación, el Sistema General de Participaciones y el Sistema General de Regalías. Al mismo tiempo, la Comisión Rectora del Sistema General de Regalías aprobó el Acuerdo mediante el cual se adopta la fórmula de destinación de las Asignaciones Directas para los pueblos y comunidades indígenas, y las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. Este Acuerdo refleja la decisión tomada por el gobierno nacional y los grupos étnicos sobre la fórmula para la destinación de los recursos de regalías, el 4,5% de los municipios y el 2% de los departamentos con asignaciones directas, que deben ser invertidas en proyectos con enfoque diferencial en estas poblaciones.

El segundo, el impedimento de la construcción de propósitos colectivos, de nación. En contra de este discurso que rompe, que divide es trascendental rescatar categorías universales como el de ciudadanía. Se debe priorizar la simpatía por “los otros” y para ello se debe ir más allá de las identidades colectivas. Es una idea centrada en lo humano, la inclusión universal contiene a todos los otros seres humanos.

Apenas se puede poner en duda el valor de la idea de identidad. Nuestra relación con los otros se ve fuertemente influida por la manera en que nos identificamos con unos y no con otros. Sin embargo, mi deseo es manifestar que la naturaleza y el alcance del razonamiento basado en la identidad se simplifican en exceso, y que una traza intelectual que no se aclara apropiadamente, y en la que se sitúa la noción de identidad, puede favorecer en mucho a enredar nuestras relaciones con otra gente.

El tema al que me refiero no sólo tiene interés racional, también es de una importancia central en la comprensión de una serie de problemas reales y variopintos como la violencia en la antigua Yugoslavia o en Ruanda, el atractivo creciente del fundamentalismo en Asia o en África, la segregación racial en Estados Unidos o la violencia contra los inmigrantes en Europa occidental, inclusive las discusiones presentes alrededor de la idea de ser británico en una Gran Bretaña pluriétnica.

No vaya a ser que tan repetidas acciones de bloqueos, violación a ciertas libertades como la libre locomoción, que conllevan al detrimento económico de muchos otros ciudadanos se no salga de desmadre. Muchos de “los otros” (también ciudadanos) ya no aguantan las arbitrariedades de las “identidades colectivas”.

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