Nariño trabaja por paz estable, duradera y regional

Nariño avanza en garantías electorales y paz territorial tras acuerdos con coordinadora guerrillera
Tras el sexto ciclo de diálogos entre el Gobierno nacional, la coordinadora guerrillera y organismos de cooperación, el departamento de Nariño consolida acuerdos clave que buscan blindar el proceso electoral, fortalecer la sustitución voluntaria y avanzar hacia una paz estable y duradera.
En medio de un contexto nacional marcado por los desafíos de la paz total, el departamento de Nariño se posiciona como uno de los territorios donde el diálogo con los grupos armados empieza a mostrar resultados concretos. Así lo confirmó el representante a la Cámara Gerson Lisímaco Montaño, quien participó en las mesas de diálogo desarrolladas recientemente y destacó los avances logrados tras el sexto ciclo de conversaciones.
Según explicó el congresista, el proceso permitió definir cuatro acuerdos centrales que impactan directamente la seguridad, la democracia y la vida comunitaria en los territorios con mayor afectación por el conflicto armado.
Cuatro acuerdos que marcan un punto de inflexión
El primer punto acordado tiene que ver con la sustitución voluntaria, una política que el Gobierno nacional se comprometió a impulsar como alternativa real para las comunidades, especialmente en zonas históricamente golpeadas por economías ilegales.
El segundo acuerdo apunta a la destrucción de cerca de 19 toneladas de material bélico por parte del grupo armado ilegal, una acción que, en palabras de Montaño, busca generar confianza y enviar un mensaje claro de voluntad hacia la construcción de paz.
El tercer punto establece la creación de espacios para la reintegración de personas armadas a la vida civil, facilitando el tránsito hacia la legalidad y reduciendo los factores que perpetúan el conflicto.
Sin embargo, el cuarto acuerdo se convirtió en el eje más sensible y estratégico del diálogo: las garantías electorales. En la mesa se dejó claro que el grupo armado no tiene candidatos ni intervendrá en política electoral, compromiso que, según lo acordado, será respetado a cabalidad.
Elecciones libres y sin presiones en los territorios
Uno de los anuncios más relevantes es la garantía de que, en las zonas donde estos grupos tienen incidencia, todos los candidatos, sin distinción de tendencia política, podrán desarrollar sus campañas de manera libre, normal y sin presiones indebidas sobre electores o comunidades.
Para asegurar el cumplimiento de lo pactado, se creó una comisión de seguimiento que atenderá cualquier anormalidad que se presente durante el proceso electoral. Este mecanismo también protege los espacios de decisión comunitaria, como consejos comunitarios e indígenas, garantizando que sus elecciones se realicen de forma autónoma y sin coacciones.
“La democracia y las libertades son parte esencial del diálogo que se viene desarrollando”, subrayó el representante, quien aseguró que estos compromisos ya quedaron establecidos en la mesa y ahora el reto es avanzar en su implementación.
¿Por qué Nariño sí avanza?
Consultado sobre las razones por las cuales Nariño ha logrado mayores avances frente a otras regiones del país, Montaño fue contundente: existe una convergencia de voluntades. Comunidades, líderes sociales, alcaldes, Gobernación y Gobierno nacional comparten una decisión firme de cerrar el ciclo de la violencia.
“Hemos vivido la guerra de frente, hemos visto la sangre y los muertos, y no queremos que esto continúe”, afirmó. Esa experiencia colectiva, según explicó, ha llevado a que todos “remen en el mismo sentido” para construir una paz con condiciones reales, inversión social y presencia institucional.
Paz total: retos y contrastes regionales
Aunque en regiones vecinas como el Cauca los avances han sido más limitados —lo que ha alimentado la narrativa de que la paz total es un fracaso—, el representante insistió en que el proceso no puede medirse de forma homogénea. Para que el diálogo funcione, dijo, no basta la voluntad del Estado: también se requieren gestos concretos y verificables por parte de los grupos armados.
“Cuando no hay hechos ni acciones claras, el proceso se atomiza, como está ocurriendo en algunas regiones”, advirtió.
Un laboratorio de paz territorial
Hoy, Nariño se perfila como un laboratorio de paz territorial, donde el diálogo, las garantías electorales y la participación comunitaria se convierten en pilares para una transición real hacia la normalidad democrática. El desafío, coinciden los actores, será sostener estos compromisos en el tiempo y traducirlos en tranquilidad para las comunidades que durante décadas han cargado con el peso del conflicto.



